Dirigentes asesinados: los tres casos que marcaron con violencia al fútbol costarricense




El fútbol costarricense no ha estado exento de la violencia que golpea al país. En los últimos años, tres dirigentes vinculados a clubes nacionales han sido asesinados en hechos que generaron conmoción dentro y fuera de las canchas.

El primer caso ocurrió el 17 de febrero de 2009, cuando fue asesinado Adrián Castro, presidente y accionista de Puntarenas FC. El dirigente recibió tres impactos de bala en Barranca de Puntarenas, luego de ser atacado por sujetos encapuchados que se desplazaban en motocicleta. Su muerte representó un fuerte golpe para la institución porteña, debido a su liderazgo y compromiso con el equipo. Pese a las investigaciones, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) no logró identificar a los responsables.

Años después, el 27 de octubre de 2019, la violencia volvió a sacudir el ámbito futbolístico con el asesinato de Marcelo Torres, vicepresidente del desaparecido equipo U Universitarios. Torres falleció tras permanecer varios días hospitalizado, luego de ser víctima de un ataque armado en el parqueo del centro comercial Terramall, en Cartago.

El ataque se produjo tras un partido entre su equipo y el Club Sport Cartaginés en el estadio José Rafael “Fello” Meza. En el hecho también resultó herida la mujer que lo acompañaba. Cabe señalar que el dirigente ya había sobrevivido a un atentado previo en junio de 2018, cuando recibió un disparo en la cabeza.

El caso más reciente se registró el 28 de marzo de 2026, con el asesinato de Andrey Castro Bonilla, presidente de Municipal Puntarenas. El dirigente figura entre las tres víctimas de un triple homicidio ocurrido en San Mateo de Alajuela.

De acuerdo con el OIJ, el crimen estaría relacionado con un presunto ajuste de cuentas vinculado al narcotráfico, hipótesis que se sustenta en la forma en que se ejecutó el ataque y el perfil de las víctimas. Además de su rol en el fútbol, Castro Bonilla era propietario de varios negocios, entre ellos un restaurante, un lavacar y un gimnasio, los cuales permanecieron cerrados tras el suceso.

Estos hechos reflejan cómo la violencia ha impactado incluso a figuras dirigenciales del deporte nacional, dejando una huella de luto en el fútbol costarricense.

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